lunes, 12 de abril de 2021

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Tras aplastar a Hong Kong, Beijing va por Taiwán: hasta dónde puede llegar para que haya “una sola China”

Por Darío Mizrahi. Infobae.

El 1 de octubre de 2019 se celebraron los 70 años de la República Popular China, fundada tras el triunfo de la revolución comunista liderada por Mao Zedong. La guerra civil había terminado con la República de China, fundada en 1912 tras la caída del Imperio Qing. Los vencidos fueron los líderes del Kuomintang (Partido Nacionalista Chino), que habían sido la fuerza dominante del país durante 20 años, y que se refugiaron en la isla de Taiwán. Allí proclamaron la continuación de la República de China, sin renunciar a sus pretensiones de controlar también al inmenso territorio continental. Con el tiempo, los gobernantes de la isla abandonaron esa ambición, imposible de materializar, y se conformaron con consolidar un país próspero, que en la práctica es totalmente autónomo de Beijing, a pesar de su escaso reconocimiento internacional formal. Los que nunca dejaron de lado la aspiración de una reunificación plena son los dirigentes del Partido Comunista de China (PCCh). 

 De eso habló Xi Jinping en la celebración de aquel 1 de octubre. “China impulsará el desarrollo pacífico de las relaciones a través del estrecho (de Taiwán) y seguirá luchando por la unificación completa de la ‘patria’ (...) bajo el modelo de ‘un país, dos sistemas’”. La idea de “un país, dos sistemas” fue desarrollada originalmente para sentar las bases de la cesión de Hong Kong a China por parte del Reino Unido en 1997. Para que el traspaso fuera aceptado por los hongkoneses, Beijing se comprometió a respetar su autonomía, permitiéndole tener un modelo económico y político diferente al suyo. En octubre de 2019 ese compromiso ya empezaba a resquebrajarse. Ahora ya se rompió por completo. A través de la represión de las sucesivas manifestaciones democráticas, del arresto de sus referentes y de reformas que modificaron sustancialmente su sistema político y judicial, el PCCh aplastó la autonomía de Hong Kong. 

 Un año y medio después, la propuesta de “un país, dos sistemas” —rechazada de plano por la presidenta taiwanesa Tsai Ing-wen— ya ni siquiera parece estar sobre la mesa. Decidido a consolidar el papel de China como potencia global, Xi Jinping está convencido de que necesita tener el control total sobre su Mar Oriental y sobre todos los territorios que reclama como propios. Taiwán es un obstáculo para ambos objetivos. El gobierno de Tsai denunció en los últimos días “incursiones militares cada vez más frecuentes” cerca de la isla, tanto aéreas como marítimas, que incluyeron el paso del imponente portaaviones Liaoning 16. Beijing no sólo lo admitió. Dijo que piensa seguir realizando maniobras “de forma rutinaria”. 

 La perspectiva de una anexión forzada, que parecía impensable años atrás, parece menos disparatada a la luz de la creciente osadía de la política exterior china. Joseph Wu, ministro de Relaciones Exteriores de la isla, dijo que están “siguiendo muy de cerca” las acciones de China y anticipó que lucharán “hasta el final” en caso de un eventual ataque. “Al ser parte de la llamada primera cadena de islas, Taiwán no es sólo un territorio perdido que hay que recuperar, sino que tiene un valor geoestratégico crítico”, dijo a Infobae Suisheng Zhao, profesor y director ejecutivo del Centro de Cooperación China-Estados Unidos de la Escuela de Estudios Internacionales Josef Korbel de la Universidad de Denver. 

“Es una posición de defensa avanzada clave para que el Ejército Popular de Liberación (EPL) defienda los intereses marítimos de China y su costa oriental, altamente industrializada y urbanizada. Aunque Deng Xiaoping (líder chino entre 1978 y 1989) había dicho que podía esperar 100 años si era necesario, la dirigencia china se ha vuelto cada vez más impaciente con la perspectiva de una unificación pacífica. Xi confía en las capacidades de China para resolver la cuestión de Taiwán porque el equilibrio militar a través del estrecho se ha movido firmemente a su favor”. 

Tomaron un remis y dejaron las llaves de su casa adentro del auto: el chofer entró a robar y mató a golpes a su hija de 23 años


 

Pilar Safatle.Infobae

Una joven de 23 años fue brutalmente asesinada este fin de semana durante un asalto en una casa de la ciudad bonaerense de La Plata y por el crimen fue detenido un remisero que había trasladado a sus padres ese mismo día y luego ingresó con llave a la vivienda con la intención de robar. La secuencia que terminó con el violento asesinato de Ayelén Estefanía Arredondo, una estudiante de Derecho de 23 años, comenzó este sábado, cerca de las 5 de la mañana, cuando sus padres salieron de su casa y subieron al VW Polo de Marcelo Alejandro Saleh, un remisero de confianza, con destino a la Unidad Penitenciaria Nº 42 de Florencio Varela, donde está actualmente detenido su otro hijo. 

 Era, según indicó una fuente cercana a la investigación a Infobae, un viaje que los padres de Ayelén realizaban con frecuencia durante los fines de semana y que significaba una ausencia de varias horas de su casa ubicada en la calle 75 entre 21 y 22 de la localidad platense de Altos de San Lorenzo. Saleh, por su parte -de 55 años, con domicilio en el Barrio UOM de la ciudad de Ensenada- trabajaba hasta hace poco tiempo en una remisería de la zona, de la cual, de acuerdo a la información recopilada hasta el momento en el expediente, habría sido despedido, supuestamente, tras ser acusado de un robo.

Pero los padres de Ayelén no llamaban a la remisería ni trataban con ningún intermediario. Saleh les había facilitado su número particular y ellos habían acordado directamente con él el viaje de este sábado por la mañana. El chofer debía esperarlos durante el tiempo que durara la visita y luego regresarlos a su casa. Saleh, sin embargo, tenía otros planes. A media mañana, mientras los padres de Ayelén todavía se encontraban dentro del penal, el remisero -sabiéndose con tiempo- manejó una hora de regreso a Altos de San Lorenzo. 

Dentro de su auto estaban las pertenencias que la pareja no puede ingresar a la cárcel durante la visita, de acuerdo a las medidas de seguridad del penal: una riñonera con sus celulares, documentación, un poco de dinero y, lo más importante, las llaves de su casa. Cerca de las 10, un vecino vio a un hombre que salía caminando de la casa de los Arredondo con un bolso en la mano y en actitud sospechosa. Para cerciorarse de que todo estuviera bien, subió una escalera que separa la calle del departamento de dos habitaciones de la pareja y pudo ver a través de la ventana el cuerpo de una mujer cubierto de sangre. Luego de pedir auxilio a otras personas, el vecino salió en busca del hombre a bordo de su camioneta y lo encontró a unas pocas cuadras del lugar, en la calle 24 y 75, mientras se alejaba a pie.

El hombre dio aviso al 911 y varios vecinos lo retuvieron hasta que un grupo de efectivos de la Comisaría 8va de La Plata se trasladó hasta el lugar y lo aprehendió. El detenido era Saleh, que huía de la casa, donde había quedado el cadáver de Ayelén, con un botín de 8 mil pesos en efectivo y una mochila con precintos, guantes y una barreta de hierro. Tenía sangre en su rostro y su ropa. El cuerpo de la joven -que fue encontrado sobre un sillón ensangrentado frente al televisor encendido- tenía tantos golpes en su cabeza y en el rostro que era irreconocible y los vecinos creyeron en un principio que se trataba de su madre, Stella Maris, e intentaron por varios medios contactar al marido, que seguía en la cárcel sin su teléfono.

El hombre, mientras tanto, al salir junto a su mujer del penal, se encontró con que nadie los estaba esperando para llevarlos de vuelta a su casa y que, para peor, estaban sin sus pertenencias. Recién cuando lograron llegar a su casa, a bordo de otro remis, supieron lo que había ocurrido con su hija. La investigación quedó en manos del fiscal Juan Menucci, titular de la UFI N° 5 de La Plata, que este sábado por la noche recibió la declaración de los padres de la víctima y que en las próximas horas pedirá la detención de Saleh a la jueza Marcela Garmendia, a cargo del juzgado de Garantías N° 5 de La Plata.

El remisero, según confirmaron fuentes judiciales a este medio, cuenta con antecedentes por robo calificado en La Plata: fue condenado por un hecho ocurrido en 2011 y recuperó la libertad en 2018. Ahora, Saleh está acusado del delito de homicidio criminis causa y será indagado en las próximas horas. La Justicia espera los resultados de la autopsia al cuerpo de la joven y de distintos peritajes sobre la barreta encontrada en la mochila del detenido, para determinar si efectivamente se trató del arma homicida. La principal hipótesis de los investigadores es que Saleh, consciente del tiempo que demorarían sus pasajeros en el penal, había planeado volver a la casa, ingresar con la llave para robar y luego volver a buscarlos sin levantar sospechas. Sin embargo, creen los investigadores, el hombre no esperaba encontrar a la joven dentro de la vivienda y, sorprendido por su presencia, la asesinó para facilitar el robo y evitar ser reconocido después.

Algunas horas después de ser detenido, la Policía Bonaerense encontró a unas cuadras de la casa asaltada el auto de Saleh, que había dejado estacionado con la llave oculta en una de las ruedas y que todavía tenía en su interior las pertenencias de los padres de la víctima. Ayelén Arredondo, apodada “Yeyé” por su entorno, fue despedida en redes sociales por familiares y amigos. La Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de La Plata, donde la joven estudiaba Derecho y se desempeñaba como ayudante de la Cátedra III de Derecho Romano, también publicó un mensaje por su muerte en el que reclamaron justicia por el crimen y “castigo al culpable”. “Qué triste mi siento al saber que no volveré a verte amiga Ayelén, compartí muy lindos momentos contigo, amiga. Siempre tan solidaria, tan puntual en las clases de derecho político, siempre guardando silla para mí. No me imagino el dolor de tu mamá”, escribió una amiga de la joven. “El que te quitó la vida no se escapará de la justicia de Dios. Dios cuide tu alma, Yeyé y que haga justicia por ti”.

Guillermo Lasso derrotó a Andrés Arauz y fue electo presidente de Ecuador


 Con más del 97% de votos escrutados de forma oficial, el postulante de Creo Guillermo Lasso obtuvo el 52,5% de los votos frente al 47,4% del candidato del correísmo, Andrés Arauz, y fue electo presidente de Ecuador “Este es un día histórico, un día en que todos los ecuatorianos han decidido su futuro, han expresado con su voto la necesidad de cambio y el deseo de mejores días para todos”, dijo Lasso ante sus simpatizantes reunidos en Guayaquil. El ex banquero agradeció a Dios por el voto, a su familia, así como a Alfredo Borrero, su compañero de fórmula, “hoy vicepresidente electo de Ecuador”, dijo. También agradeció a Jaime Nebot, líder del partido Socialcristiano, que lo apoyó para estas elecciones presidenciales, las terceras en las que participa como máxima autoridad de su movimiento.

”Gracias desde el fondo de mi corazón por darme la oportunidad de ser su presidente y poderlos servir”, dijo ante sus seguidores en Guayaquil y señaló que, desde el próximo 24 de mayo, asumirán con responsabilidad el “desafío de cambiar al país”. Lasso remontó así de forma espectacular la contienda tras perder en la elección del 7 de febrero, cuando obtuvo el 19,74% de los apoyos y casi se queda fuera del ballotage con el indígena Yaku Pérez.

En el sector de Samborondón, en Guayaquil, decenas de simpatizantes se reunieron con banderas blanquiazules del movimiento CREO y las de Ecuador. Mientras tanto, en la zona donde estaban reunidos los seguidores de Arauz, en Quito, poco a poco se fue retirando la gente, y la sede del movimiento fue quedando vacía. Hasta allí llegó el candidato de Correa para asumir la derrota. “Felicito a Lasso por su triunfo electoral de hoy y le mostraré nuestras convicciones democráticas (...) Hoy no es el final, es el comienzo de una nueva etapa de reconstrucción del poder popular, arduamente necesaria para nuestro país”, manifestó el político de 36 años.

“Tenía en mente ganar para impulsar políticas de transformación, comenzando por los más pequeños, por la protección y aprovechamiento de nuestra biodiversidad… Seguiremos trabajando para hacer realidad todas estas políticas por el bien de Ecuador y del pueblo ecuatoriano”, dijo en el final de su pronunciamiento, que culminó en una ovación de sus seguidores y al grito de “Viva Correa”.

El propio ex mandatario, prófugo de la Justicia ecuatoriana, también se pronunció y lo hizo en sus redes sociales. “Gracias a todos por su apoyo. Sinceramente creíamos que ganábamos, pero nuestras proyecciones eran erradas. Suerte a Guillermo Lasso, su éxito será el de Ecuador. Solo le pido que cese el lawfare, que destruye vidas y familias”, escribió Correa.

El primero en felicitar a Lasso entre los líderes mundiales fue el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou: “Acabo de hablar con para felicitarlo por su triunfo y para ponernos a trabajar en conjunto en los temas que tengamos en común nuestros países”.

También se pronunció el presidente de Colombia. “Felicitamos a Guillermo por su elección como Presidente de Ecuador. Hace unos minutos dialogamos y hablamos de trabajar juntos por la región; Continuaremos fortaleciendo nuestras relaciones comerciales, de seguridad e integración andina para beneficio de nuestros países”, escribió en su cuenta de Twitter. El chileno Sebastián Piñera también felicitó a Lasso.”Felicitaciones y suerte Guillermo, quien es un buen amigo personal y un gran amigo de Chile”, publicó el mandatario en su cuenta de Twitter.

El líder opositor venezolano Juan Guaidó también se expresó. “Felicitaciones a Ecuador por la jornada electoral de hoy, y al Presidente electo Guillermo Lasso por su triunfo. Contamos con su apoyo a la lucha venezolana. Es vital la unión de quienes queremos libertad y democracia para la región, amenazada por dictaduras como la de (Nicolás) Maduro”, dijo en un mensaje en Twitter.

Según el CNE, la jornada se desarrolló de forma pacífica y el presentismo de los votantes fue grande ya que 10.184.500 personas votaron, mientras que 2.097.502 se ausentaron por distintas razones. En total la cantidad de votos en blanco fue de 163.336 y nulos 1.654.764. Quién es y qué prometió hacer Guillermo Lasso El ex banquero guayaquileño de 65 años comenzó a trabajar a los 15 años, cuando su padre no pudo seguir pagándole los estudios por la situación económica; posteriormente fue presidente del Banco de Guayaquil, uno de los más importantes del país, por un período de 20 años. 

Estudió en un afamado Colegio Católico de Guayaquil, el San José La Salle, en cuyas aulas se educaron los expresidentes Otto Arosemena, Alfredo Palacio y el propio Rafael Correa. El candidato presidencial se inició en la política a los 43 años, cuando en el Gobierno de Jamil Mahuad fue gobernador de la provincia de Guayas durante un año, y posteriormente superministro de Economía por 37 días, en 1999. Para la segunda vuelta, Lasso incorporo a su discurso temas relativos a equidad laboral y de género, defensa de la naturaleza y animales; combate a la discriminación por orientación sexual.

La cadena infinita de sinsentidos que empuja a un país hacia el precipicio

Infobae. Ernesto Tenembaum

En la última semana, Boris Johnson anunció que el Reino Unido empezará a relajar el confinamiento que rige la vida de los ingleses desde fin del 2020. La mayoría de los negocios seguirán cerrados. La mayoría de los ciudadanos deberán permanecer en sus casas la mayor parte del tiempo. Pero ahora tendrán un pequeño alivio: podrán realizar actividades físicas al aire libre con un límite máximo de seis personas juntas. Ni siquiera eso está habilitado en Milán donde el confinamiento estricto rige desde noviembre, es decir, hace cinco meses. Pese a este esfuerzo extremo, que se lleva a cabo en países donde la democracia y la libertad tienen una tradición mucho más enraízada que en la Argentina, ninguno de ellos ha logrado evitar decenas de miles de muertos en el otoño e invierno europeos.

La Argentina ha puesto en marcha nuevas restricciones el jueves pasado. Comparadas con las que debieron soportar ingleses, franceses, españoles, alemanes o británicos, se trata de medidas casi cosméticas. Si se tiene en cuenta, una vez más, que ni siquiera esas restricciones alcanzaron para evitar una catástrofe histórica en Europa, basta aplicar el sentido común para concluir que las decisiones tomadas por el gobierno de Alberto Fernández tampoco alcanzarán en la Argentina. En ese sentido, el debate público debería ser orientado por dos preguntas sencillas. Las medidas, ¿llegan a tiempo o son tardías? ¿Son suficientes o demasiado laxas? O, más directamente: ¿no se deberían extremar las limitaciones de movimiento? Sin embargo, la principal crítica que recibieron es que son demasiado duras.

Esa dinámica tiene un costado patológico. Los datos públicos son estremecedores. En los últimos seis días murieron 250 argentinos en promedio diario. Y esos muertos son producto de los casos que se revelaron hace dos semanas, que eran la mitad de los actuales: no sería raro que en dos semanas se dupliquen. ¿Y en cuatro? ¿Y en ocho? El Gobierno toma medidas que, si se comparan con la experiencia europea, son contradictorias, limitadas, blandas. Aparece a la defensiva: contradictorio, dividido, incapaz de anticiparse a los sucesos, con dificultades evidentes para imponer sus criterios.

Pero cuando finalmente reacciona, gran parte del liderazgo opositor y una cantidad de colegas muy influyentes, le reprochan en tono altisonante y profético que se mete con la vida de los argentinos y que la sociedad debe resistir semejante atropello. Se multiplican los reportajes a dueños de restaurantes y se evitan las narraciones de los intensivistas. Son los mismos que gritarán “fracaso estrepitoso” cuando las cosas empeoren. No es necesario ser un experto para darse cuenta dónde depositará a la sociedad argentina esa pendiente.

Un ejemplo tremendo de todo esto es lo que ocurrió en Semana Santa. El gobernador bonaerense Axel Kicillof dijo el jueves que no está ocurriendo una ola de contagios sino un tsunami.

Sin embargo, una semana antes, la conducción del país, y de las provincias, permitieron que millones de turistas se desplazarán por toda la Argentina sin ningún límite. No hay forma de unir de manera racional ese diagnóstico y la decisión que se tomó. Si no hay un tsunami, era lógico permitir lo que se permitió. En ese caso, Kicillof apenas habría incurrido en una exageración. Pero, si hay un tsunami, como lo sugieren los datos, el permiso a los turistas fue una decisión que causará mucho dolor y sufrimiento. ¿Cómo dejaron que la gente viaje por el país en medio de un “tsunami” de casos?

Tal vez un acercamiento más criterioso hubiera previsto las cosas. Había una posibilidad muy clara de que para Semana Santa los casos se dispararán. En ese caso, tal vez hubiera sido razonable destinar una porción del presupuesto para asistir al golpeado sector turístico en caso de ser necesario suspender los viajes de placer. Si los casos no despegaban, esos fondos se destinaban a otra cosa. Si ocurría lo que ocurrió, se suspendía todo y se atendía a los damnificados.

El Gobierno tiene en estas cosas una responsabilidad central porque ni siquiera dio la batalla. Pero esa responsabilidad no es solo suya. De haber tomado la decisión correcta, habría soportado una tormenta de críticas airadas, enardecidas, de un sector cada vez más influyente de la oposición y del mundo periodístico. Cualquier restricción, como las que han tomado las democracias más arraigadas del mundo, es denunciada como una violación a la libertad individual. El resultado está cantado. La ruleta rusa es un juego de azar: la bala puede salir o no después del disparo. Pero ninguna persona sana se arriesga a eso. El método que ha elegido la sociedad argentina para enfrentar la segunda ola se parece demasiado a la ruleta rusa.

Uno de los elementos inquietantes de este proceso es el lugar donde queda el presidente Alberto Fernández. Un año atrás, Fernández impuso un criterio que recibió una aprobación social abrumadora. Consultó a científicos de primer nivel, se reunió con los principales líderes de la oposición, dedicó un esfuerzo enorme a explicarle a la sociedad lo que estaba haciendo, construyó un discurso coherente y razonable. Frente a esos movimientos inteligentes y atinados, las críticas extremas parecían provenir de un grupo de personas resentidas y fanáticas.

Con el correr de los meses las cosas cambiaron. La ruptura con la oposición más razonable, los insultos repetidos, la absurda agenda judicial, el vacunagate, la preocupación por el cambio de humor social, el cansancio, fueron transformando la relación entre el presidente y la sociedad. Pero nada fue tan dañino como el proceso de desgaste al que fue sometido por la vicepresidenta Cristina Fernández. Las sucesivas humillaciones públicas, el respaldo de ella a funcionarios de segunda línea que lo desautorizaban, como Sergio Berni, las cartas, los pedidos de renuncia a ministros, los gritos, los faltazos a actos clave, todo eso fue debilitando la autoridad presidencial.

El hombre que anunció las medidas en el anochecer del miércoles no parecía el mismo que condujo al país en los comienzos de la pandemia. Solo, en la oscuridad de los jardines de Olivos, leyó un mensaje breve, no respondió preguntas de nadie. En ese proceso hay responsabilidades compartidas. Él tendrá las suyas. Pero, ¿realmente alguien puede sostener que el Frente de Todos sostuvo la autoridad de su presidente en este año larguísimo y difícil? Así las cosas, no es difícil entender por qué a Fernández le cuesta imponer su criterio. Desde un lado, Horacio Rodríguez Larreta le discute en público la única medida significativa que anunció. Desde el otro, funcionarios claves de La Cámpora, como el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollan, y la titular del PAMI, Luana Volnovich, firman solicitadas con los dueños de las empresas de medicina prepaga, para pedirle -en público- que endurezca las medidas. Son códigos realmente extraños.

En el medio de una tragedia de dimensiones históricas, el Congreso aprueba por unanimidad una ley para repartir 60 mil millones de pesos entre personas que no son los que más los necesitan. Y el Gobierno se enreda en una pelea con las prepagas, que deriva en un conflicto con los trabajadores del sector: primero les ofrece 7 por ciento, luego nada, luego 3,5, y ahora, luego de 4 meses de desgaste, 10 por ciento. Y empiezan discusiones rarísimas sobre la fecha de elecciones. Y uno dice “imbéciles profundos”. Y otro llama a resistir medidas que no conoce. Y otro grita “mentes perversas”. Y otro barrabravas. Y otro dictador. Y otro dice que Macri debe ir preso. Y otro insulta al que dijo eso. Y otro amenaza a ese con “cagarlo a trompadas”. Y otro amenaza al anterior. Y así las cosas. Un lugar común sostiene que los desafíos extremos sacan lo mejor y lo peor de las sociedades y de sus dirigentes. Lo mejor se pudo ver en aquellos conmovedores días del otoño del 2020. Tal vez la dirigencia pueda recorrer lo que pasó por entonces para encontrar un camino que se le escapó, justo en el momento en el que el virus ataca con más fuerza que nunca. O tal vez ya sea tarde.

Sofia en honor a los 72 años de la Abuela

Tiene 21 años, un accidente la dejó cuadripléjica, su hermano ofreció vender un riñón para pagar el tratamiento y juntó 3 millones de pesos


 Infobae

El 25 de febrero de 2021, Nayla Zensich llegó a su casa de madrugada, justo cuando sus padres (Daniel y Solange) se estaban levantando para ir a hacerse un chequeo médico. Como nunca antes, ese jueves de verano, la joven de 21 años se ofreció a acompañarlos. Camino al Hospital Naval, Nayla bajó en la casa de su hermana mayor, en el barrio porteño de Mataderos, donde se quedó junto a sus sobrinos hasta que sus padres la pasaron a buscar una vez que finalizaron sus estudios clínicos.

“Subo al auto, me siento atrás, en el medio, me pongo el cinturón de seguridad, pero lo aflojo un poco y me acuesto. Quince cuadras después, dormía profundamente. De pronto me desperté con la sensación de que nos había chocado un tren”, recapitula Nayla. Lo que siguió fue una secuencia en cámara lenta acompañada por el sonido agudo de un “Piiiiiii”, que la aturdió. “La vi a mi mamá que se golpeó la cabeza contra el vidrio y a mi papá, duro. Todo pasó en un segundo, pero me acuerdo de cada detalle. Nunca perdí el conocimiento”, explica Nayla y continúa con el relato. “Lo que pasó fue que estábamos cruzando la calle en una esquina donde no había semáforo y un colectivo nos chocó detrás de la rueda trasera, casi en el baúl, justo del lado en el que tenía apoyada la cabeza”, describe la joven, acerca del accidente automovilístico que marcó un antes y un después.

Nayla Zensich nació en Ezeiza, donde vive con sus padres y su hermano menor Guillermo, de 18. Hasta el 25 de febrero pasado, tenía una vida “activa”. Así la describe ella. Además de ir a la Facultad, donde cursa el tercer año de la carrera Nutrición, hacía ejercicio todos los días. “También, me gustaba sacar a pasear a mi perra, juntarme con mis amigas y salir a andar en rollers”, dice.

“PAPÁ, NO ME PUEDO MOVER” “Nayla, ¿vos estás bien?”, le preguntó su papá. Ella le contestó que ‘Sí', pero hasta ese momento no se había movido. Cuando intentó hacerlo, dice, se dio cuenta de que no podía. “Mi cabeza mandaba la orden y mi cuerpo no respondía. Ahí me empecé a desesperar”, dice. A pesar de los pedidos de Nayla para que la movieran de lugar (“Creía que si me cambiaban de postura el cuerpo iba a dejar de ‘pincharme’”), sus padres prefirieron no tocarla y llamaron al SAME. Aunque para ella la espera se hizo eterna, en quince minutos ya la estaban subiendo a una tabla inmovilizadora y colocándole un cuello ortopédico. Del trayecto hacia el Hospital Piñero, donde la llevaron primero, Nayla recuerda el ida y vuelta con el médico que le iba examinando las piernas. “Por ejemplo, me tocaba el cuadricep derecho y me preguntaba si podía sentirlo. Me tocaba la rodilla y lo mismo. Ahí me di cuenta de que la sensibilidad la conservaba. El tema es que no podía moverme y había perdido la temperatura: del ombligo hasta la punta de los pies no siento ni frío ni calor”, cuenta la joven.

DEL DIAGNÓSTICO DEMOLEDOR A UN “MILAGRO” Luego de varios estudios recibió el diagnóstico: una cuadriplejia ocasionada por la ruptura en una vértebra y una lesión medular. “Los primeros tres días estuve en terapia intensiva sin moverme. Pensé que iba a quedar así para siempre, que no iba a volver a caminar”, apunta. Aunque habla con la voz firme y no escatima sonrisas, Nayla admite que tuvo varias crisis. “Al principio lloraba a cada rato. Cuando logré un poco de movilidad en las manos me pegaba en las piernas para moverlas, pero no podía. Creo que ese fue uno de los momentos en los que toqué fondo”, repasa.

Después de una segunda operación, sin embargo, comenzó a vislumbrar una luz al fondo del túnel. Fue luego de que los médicos del Hospital Naval le dijeran que, por su edad, tenía posibilidades de volver a caminar y mover los brazos, si hacía una buena rehabilitación. Le recomendaron el Instituto FLENI. Pero cuando sus padres empezaron a averiguar, la obra social no lo tenía en cartilla. Pagarlo de forma privada costaba poco más de tres millones de pesos. Una cifra imposible para una familia de clase media, como los Zensich. En esta parte de la historia cobra protagonismo Guillermo, el hermano menor de Nayla, a quien se le ocurrió hacer una “movida” en redes sociales.

“No sé de dónde sacó la idea, pero ofreció vender su riñón a cambio de dinero para pagar mi tratamiento. Publicó un video y una foto en Instagram, el caso se viralizó y la gente se solidarizó. Fue una locura: la primera noche ya habíamos juntado dos millones y medio de pesos”, cuenta Nayla y destaca el gesto de Coscu, un reconocido streamer argentino que realizó un vivo de cuatro horas, a beneficio, para ayudarla.

PEQUEÑOS GRANDES AVANCES Con el dinero recaudado, el 22 de marzo, Nayla fue trasladada al FLENI, desde donde conversa con Infobae, acompañada por su papá. A partir de ese día su rehabilitación avanza sin prisa pero sin pausa. “La idea es empezar a ganar fuerza y ganarle a la presión porque, al no tener movilidad, cuando me paran, se me baja la presión, me desplomo. Entonces lo que trabajamos en kinesiología es pararme, sentarme, pararme, sentarme. Para que la presión se vaya estabilizando”, explica Nayla que, a diario, comparte sus progresos en Instagram.

El apoyo incondicional de su familia y de su novio Matías, que se turnan para hacerle compañía (N. de la R. por protocolo solo puede estar acompañada por una persona) le dan fuerza. Desde que comenzó la rehabilitación, cada día es un volver a empezar. Al principio, cuenta Nayla, no podía lavarse dientes, sino que alguien tenía que hacerlo por ella. Ahora, gracias a una especie de “pinza” que le atan a la mano, lo hace sola. De a poco, la joven de 21 años va ganando independencia y eso la motiva. Por más pequeño que sea, empezó a valorar cada movimiento. En los últimos días, por ejemplo, consiguió mover los dedos del pie derecho y eso la tiene contenta. 

Los dedos de las manos, aunque un poco torpes, también. “Todavía no lo suficiente como para tipear en el celular”, bromea. “Muchas veces me canso o extraño mi casa y después pienso: ‘Tengo que hacerlo por mí y por la gente que donó plata sin conocerme y me está apoyando’. Ahora que estoy acá, que es lo que yo quería, tengo que valorarlo”, dice Nayla y, antes de despedirse, pide agradecer al SAME, al Dr. Pedro Mallo del Hospital Naval, al Círculo de Suboficiales de la Fuerza Aérea Asociación Mutual y a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). A sus espaldas, sobre el respaldo de la cama, se lee un cartel que dice #TodosPorNay.

Un grupo de profesores de la UBA repudió la conferencia que dará Amado Boudou sobre “noticias falsas y guerra jurídica”

Infobae

El ex vicepresidente Amado Boudou tiene previsto exponer el próximo 3 de mayo sobre “noticias falsas y guerra jurídica” en un seminario optativo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde se analiza de manera crítica el rol del periodismo en torno a los casos de corrupción durante los gobiernos kirchneristas. En este marco, un grupo de profesores manifestó su rechazo a esta jornada académica y cuestionó los antecedentes de Boudou para encabezar una disertación. “Se observa con preocupación el silencio de las máximas autoridades de la UBA frente a este arrebato que se intenta consumar, instalando a un delincuente en sus aulas, en flagrante violación del artículo 19 de la Ley 22.207 de Educación Universitaria”, señalaron a través de un comunicado.

Según este colectivo, denominado “Profesores Republicanos”, la condena accesoria de inhabilitación en forma perpetua para ejercer cargos públicos, impuesta a raíz del caso Ciccone, le impide al ex funcionario desarrollar actividades académicas. “Admitirlo a ocupar un sitio en la UBA viola esa prohibición y hace incurrir en un delito a quienes lo propician”, destacaron. Boudou será el protagonista de la cursada que se llevará bajo el nombre “Casos emblemáticos de noticias falsas y guerra jurídica”, en contexto del programa “El periodismo argentino en su laberinto: guerra mediática y jurídica, operaciones políticas, noticias falsas y otras delicias de la independencia”, que organizan los profesores Gustavo Bulla y Daniel Rosso.

Esta presentación coincidirá con la citación por parte del juez federal Ricardo Basílico, para una nueva audiencia para el próximo 14 de abril, a las 9.30, en la que se discutirá si seguirá en prisión domiciliaria o debe volver a cárcel.

En el seminario ya expusieron, entre otros, la titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Cristina Caamaño; y los periodistas Ari Lijalad, Cynthia García y Sandra Russo, entre otros dirigentes y personalidades afines al kirchnerismo. En el comunicado, firmado por Alejandro Fargosi, Santiago Kovadloff, Miguel Wiñazki, entre más de 60 docentes, solicitan al rector de la UBA, Alberto Barbieri, “que emita un comunicado de repudio”, y que “requiera a la directora de la carrera de Ciencias de la Comunicación la inmediata anulación de la disertación que categóricamente cuestionamos y rechazamos”.

“El silencio de la UBA y de su Facultad de Derecho hará suponer una complicidad lamentable con quienes idearon esta acción de propaganda, propia de un populismo endémico y corrosivo que no se detiene siquiera ante los valores y las instituciones más sagradas de la Argentina”, indicaron. El seminario optativo que dictan Bulla y Rosso tiene como objetivos que los estudiantes tengan una “mirada crítica sobre la actividad de los medios de comunicación y la profesión periodística”, así como tener “herramientas teórico-conceptuales para entender la complejidad del momento político actual”. La invitación de la carrera de Comunicación de la UBA generó una fuerte discusión en las redes sociales, donde dirigentes de la oposición recordaron que el ex funcionario registra una condena a 5 años y 10 meses de prisión por haber cometido los delitos de cohecho pasivo y negociaciones incompatibles con la función pública por la apropiación de la empresa Ciccone Calcográfica. Esa sentencia cuenta con el aval de la Corte Suprema de Justicia, cuyo fallo también había generado rechazo de un sector del Frente de Todos.

En la propuesta académica del curso, que consta de tres horas semanales, 45 horas totales, los docentes fundamentan: “Hace poco más de una década que el ejercicio periodístico en nuestro país y en buena parte de la Región, ha abandonado su tradicional impostura de independencia y objetividad. La actividad de los periodistas, especialmente en los medios de comunicación con posición dominante, cada vez se asemeja más a una actividad abiertamente político partidaria que a una profesional destinada a informar a los públicos, como durante décadas los propios involucrados se encargaron de proclamar como autopercepción”. 

 Boudou fue condenado en agosto de 2018 a cinco años y 10 meses de prisión por el caso Ciccone. La condena fue confirmada por Casación en julio de 2019. En agosto de 2020, el juez Daniel Obligado, como magistrado de ejecución en el Tribunal Oral Federal (TOF) 4 del ex vicepresidente, le otorgó la prisión domiciliaria por la situación de la pandemia. Según el magistrado, sus hijos –mellizos de dos años– estaban en una situación de vulnerabilidad ya que solo tenían a su madre y que la presencia del padre podía ayudar en esta situación.

Orgías, celebridades y secretos inconfesables: el apogeo y la caída del imperio de Madame Claude, la proxeneta más famosa del mundo



Infobae Sería 1962. En un palacio parisino se celebraba una fiesta en honor a Brigitte Bardot. Ministros, políticos, banqueros, escritores, actrices, damas de la sociedad giraban alrededor de la gran estrella, posiblemente la mujer más deseada del mundo. En el medio de lo más selecto de la sociedad francesa, caminaba otra mujer. De unos cuarenta años, bajita, con el pelo cuidado, joyas colgando de sus muñecas y su cuello y muy elegante (una descripción que se ajustaba a una gran parte de las presentes). Se movía por los márgenes del festejo. Hablaba con naturalidad y discreción con los personajes más importantes. No llamaba la atención. La esposa de un banquero, intrigada, quiso saber su nombre. Ella respondió. Fernande Grudet, dijo.

 Varios minutos después el centro de la reunión se había desplazado hacia ella. Brigitte Bardot había quedado eclipsada. Alguien explicó (o reveló) que Fernande Grudet era Madame Claude, la madama más famosa del mundo. Todos, hombres y mujeres, quisieron escucharla, saber sus historias. Madame Claude llegó a regentear más de 200 chicas que ejercían la prostitución. Dominó su negocio durante más de quince años. La lista de sus clientes exclusivos impresiona. John Fitzgerald Kennedy, los Rotschild, Marlon Brando, el Sha de Irán, Charles De Gaulle, George Pompidou, Porfirio Rubirosa, y muchísimos más personajes célebres e influyentes. En algún momento se decía que si un hombre adinerado y poderoso viajaba a París una de sus actividades inevitables era pasar por lo de Madame Claude.

Netflix estrenó, hace pocos días, Madame Claude, una película biográfica sobre la proxeneta parisina. Dirigida por Sylvie Verheyde cuenta sus años de apogeo y la caída final. No es la primera vez que el cine transita su figura. El primer film basado en su vida se estrenó en 1977, cuando Claude estaba momentáneamente fuera del negocio e intentaba retomar sus actividades. Lo poco que se sabe con certeza de su vida es que en 1961 ya era la gran madama de París. Una fama que creció con velocidad y se transformó en leyenda casi de inmediato. Nadie sabía (o nadie quería recordar) cómo había surgido. En su libro de memorias y en varias entrevistas que dio en su vejez, ella se creó un pasado. Una buena familia, casi aristocrática, una infancia feliz, estudios. Después la Resistencia y debido a eso una temporada en un campo de concentración nazi. 

Aunque en otro momento dijo que su paso por los lager se debió a su condición de judía. Ninguno de esos antecedentes pudieron ser probados por su biógrafos. Algunos amigos dicen que tenía en su antebrazo el tatuaje con su número de detenida, pero otros lo desmienten. Se supone que empezó a ejercer la prostitución a fines de la década del cuarenta. El salto hacia el regenteo de prostitutas se produjo en algún momento de la segunda mitad de la década del cincuenta. Fernande Grudet se había metamorfoseado en Madame Claude. En los años sesenta su plantel llegó a ser de casi 200 chicas.

Allo, Oui? ese era su latiguillo, eso decía su voz profunda cada vez que atendía el teléfono para atender el pedido de un cliente. Les daría lo que ellos pretendían y más también. No se rechazaba ningún tipo de pedido. Nada lo consideraba una perversión, ni le importaba que dañara o pusiera en peligro a alguna de sus chicas. Al fin y al cabo, para Madame Claude todo tenía un precio. Y de ese precio a ella le correspondía un 30 %. Mujeres de todo tipo. Pero siempre hermosísimas y elegantes. Una vez que decidía tomar a una, la llevaba a las mejores casas de moda de la ciudad, a la peluquería y les compraba productos cosméticos. 

Dior, Chanel, doctores y estilistas que hacían que las chicas antes de empezar a trabajar ya estuvieran en deuda con ella, que su cuenta fuera negativa. Luego todos esos gastos los deducía de los ingresos de las chicas. Una vez cubiertos esos expendios previos, ella se quedaba con el 30% de lo recaudado. Los problemas surgían cuando además de la tarifa acordada, sus chicas recibían algún regalo costoso. No era extraño que les dieran joyas, tapados de piel, dinero y hasta algún automóvil. Ella exigía su porcentaje aún de los regalos. Y si la liquidación no la convencía o se enteraba que el regalo había sido de un monto superior, la joven era despedida.

“Desde siempre los hombres han pagado por dos cosas. Por comida y por sexo. Y yo para la cocina nunca tuve facilidad” decía Madame Claude cuando le preguntaban por sus orígenes en el oficio. Esa principio regía su negocio. Y ya que iba en busca de dinero, hizo foco en los que más tenían. Sostenía que lo que ofrecía no era sexo, era una experiencia. Madame Claude, retirada, ya con su negocio desmantelado, disfrutaba de contar quienes habían sido sus clientes. Se regodeaba con el name-dropping. Cómo para no hacerlo. En la lista de clientes, además de los ya nombrados, estaban: Sinatra, Chagall, Picasso, Nelson Rockefeller, tres generaciones de la familia Getty, los Agnelli, Khadafi y muchas otras celebridades. Podía narrar orgías con los dueños de la Fiat, sexo en aviones privados, pedidos de Aristóteles Onassis y María Callas que harían ruborizar a varios, pintores célebres que como agradecimiento por sus servicios le regalaban a las chicas dibujos originales valuados en decenas de miles de dólares, o las joyas y lingotes de oro que regularmente entregaba el Sha de Irán. Pero su historia favorita era la de Kennedy. 

La cuenta William Stadiem en su libro Madame Claude: her secret world of pleasure, privilige & power (este periodista norteamericano iba a ser el ghost writer de Claude para un libro en Estados Unidos pero ella regresó de improviso a Francia y el acuerdo editorial quedó en la nada; Stadiem publicó una biografía de ella muchos años después). Luego del desastre de Bahía de los Cochinos, el siguiente desafío internacional de Kennedy fue una cumbre en París. Eran sólo dos días, intensos. Con los franceses embobados con Jackie y su estilo. Las tratativas del momento de dispersión de John quedaron a cargo de Pierre Salinger, el secretario de prensa del presidente norteamericano, y fueron hechas con varias semanas de antelación. Durante el segundo día de la visita oficial, mientras Jackie tenía una actividad programada con André Malraux, Kennedy se escaparía para encontrarse con una de las chicas de la madama. Todo debía ser discreto, casi imperceptible. 

La coartada sería una visita médica por sus dolores crónicos. A la hora señalada, Kennedy ingresó a un edificio que no tenía nada de lo distinguido que el presidente había imaginado. Hasta pensó que se habían excedido en eso de camuflar su presencia. Cuando subió al piso indicado y tocó el timbre, no se sabe quién fue el más sorprendido: si Kennedy o la señora de casi setenta años que lo vio tocando el timbre de su casa. Pidió perdón y siguió golpeando las puertas vecinas pero detrás de ninguna estaba su chica. Bajó y le contó a su cómplice, el doctor Jacobson, la situación. Cruzaron hacia un bar y desde un teléfono público (fue una odisea también conseguir monedas: un presidente no anda con cambio chico en el bolsillo), llamaron a Salinger que recién en ese momento se dio cuenta de su error. Había enviado al presidente al Boulevard de Courcelles en vez de a la rue de Courcelles. Kennedy llegó algo tarde pero al final se encontró con la joven que Madame Claude le había reservado. Ella en sus memorias afirma que Kennedy pidió una mujer igual a Jackie, su esposa. Joven, elegante, atractiva, de aspecto sereno. Y si se podía, vestida de la misma manera (Claude consiguió un vestido de Givenchy). Eso sí, el presidente hizo una última aclaración: “Como Jackie, pero más hot”.

Pese a su afición por remarcar que los grandes nombres de la época fueron sus clientes, siempre era elusiva cuando le preguntaban por la identidad de las chicas que trabajaban para ella. Se dice que luego de dejarla muchas fueron muy conocidas y que se convirtieron en modelos, actrices, esposas de millonarios y hasta alguna en princesa. Por lo general eran aspirantes a modelos y actrices que no habían logrado triunfar o que mientras intentaban ascender se ponían a trabajar como prostitutas de lujo. Siempre tenía aspirantes a ingresar en su red. Y ella caminaba por la calle haciendo una especie de rastrillaje para descubrir a alguien más para sumar a su plantel. Cualquier chica hermosa de entre 18 a 25 años que andaba por la calle era una potencial empleada. Para ella todas eran potenciales prostitutas. No concebía como alguien no se dedicara a su oficio. Para Claude el mundo se reducía a hombres ricos que buscaban sexo y a mujeres pobres que buscaban dinero. Todo pretendía verlo bajo ese prisma. Las chicas que trabajaban para ella debían dar un servicio de excelencia. Claude creía que no había otro oficio en el que el cliché de “El cliente siempre tiene razón” fuera más aplicable. Había que satisfacer cada deseo, cada fantasía mientras se pagara la tarifa estipulada, aún cuando pusieran en riesgo la integridad física de las mujeres. A las integrantes de ese batallón de bellezas que se prostituían a un alto precio -en todo sentido- en su momento de apogeo se las conocía como las Claudettes.

Ser una Claudette no era sencillo. Debían pasar varias entrevistas personales ante la rígida Claude. Debían ser educadas, hablar con corrección, ser dóciles. También bellas y muy jóvenes. En su plantel había chicas de toda Europa. Ella, dicen, prefería a las escandinavas. Frías, obedientes, llamativas y calladas. Pero luego de que Claude las aprobara, antes de empezar a trabajar para ella debían superar otra prueba, la sexual. Tenía testers: dos amigos muy cercanos que se acostaban con las chicas y luego le pasaban un informe acerca de sus habilidades sexuales. Claude conocía los secretos más íntimos de los hombres más poderosos e influyentes. Sabía quién era afecto al sadomasoquismo, quién era infiel, quién disfrutaba de una lluvia dorada o quién prefería ser sodomizado. Y eso, naturalmente, le daba poder. No respondía al estereotipo de la madama, parecía una empresaria, una banquera, siempre entallada en un Chanel. Era una mujer dura, implacable. Acostumbrada a moverse en un mundo de hombres, a soportar presiones, a sojuzgar chicas. No le mostraba sus sentimientos a nadie. Ella prefería lucirse invicta, ocultar sus derrotas y caídas. 

No se le conocieron amores públicos. Una amiga contó que una vez se vio desnuda ante el espejo y dijo: “Desagradable”. Para ella, la gente mayor de cuarenta años no debía tener sexo. “Me pasé la vida ocupándome del placer de los otros”, decía. Pero alguien que la conoció bien declaró: “No tenía sentimientos. Para Claude las mujeres eran agujeros y los hombres billeteras”. En su juventud fue madre. A su hija la crió la madre de Claude, quien nunca logró reconstruir el vínculo con ninguna de las dos. En su mundo se cruzaba lo sórdido con lo exclusivo, el lujo con las peores miserias. Para lo único que no había lugar en ese mundo era para el amor. La policía a cambio de protección y de hacer la vista gorda ante su negocio, la utilizaba como informante. Los políticos se valían de ella para algunas operaciones y chantajes.

Pero con el triunfo de Valery Giscard D’Estaing en 1976 todo ese entramado de impunidad se derrumbó. La excusa fue, como suele pasar en estas ocasiones, la evasión impositiva. Madame Claude vio tambalear su negocio y empezó a ver la espalda de los hombres que antes se acercaban a ella. Sus apoyos se esfumaron. A punto de ser condenada escapó a Estados Unidos. Allí en Los Ángeles su fama se mantenía intacta. Frecuentaba los mejores lugares, todos querían hablar con ella, conocer sus historias. En 1985 decidió volver a su país luego de fracasar en obtener la Green Card pese a que hasta tuvo un matrimonio de conveniencia con un empleado gay de su restaurante favorito, el más exclusivo de Hollywood. Luego de un paso de unos meses por Vanuatu, regresó a París. El juicio se reanudó y fue condenada a pagar una multa considerable y a cuatro meses de prisión. Al salir vivió en una casa en las afueras de París. Pero al poco tiempo volvió al negocio. 

Ya no tenía bajo su poder cientos de chicas. Apenas una docena. Pero sus clientes ya no eran influyentes. Ella, tampoco. Era otra época. Tantos eran los cambios que la investigación policial en su contra en este caso fue conducida por una mujer. Y la acusación ya no era por un tema impositivo sino por proxenetismo. En Francia, la prostitución no tiene sanción penal, pero sí es perseguido quien explote a otros con ese fin. Una vez más regresó a prisión. Otra sanción leve de seis meses pero de cumplimiento efectivo. Todavía había quienes le temían a sus secretos. Desde el principio del nuevo milenio vivió recluida en una mansión de la Costa Azul. Murió en diciembre de 2015. Tenía 92 años y sus años de esplendor habían quedado atrás hacía mucho tiempo.

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